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Lyudmila Petrushevskaya | del:ruso

Como Penélope

Traducción : Amelia Serraller Calvo

Introducción de

El breve cuento “Como Penélope” ha sido extraído de una colección de microrrelatos, en algunos casos de un solo párrafo, titulada Dikie Zhivotnye skazki (Cuentos de animales salvajes) publicada por Lyudmila Petrushevskaya en 2008. El denominador común de estos microrrelatos es que sus protagonistas son animales antropomórficos, quienes viven una vida humana. La figura de Penélope –la fiel esposa de Odiseo– ya ha sido abordada por Petrushevskaya (quien escribió otro cuento cuya extensión y cuyo contenido son totalmente distintos, aunque con el mismo título, “Como Penélope”), y ahora vuelve a ella para examinar el mito fundador de “la esposa del héroe”. Aquí, el mito es refutado de manera rápida, certera y fatal: el “Odiseo” es el mosquito Stasik, un drogadicto y acosador de mujeres (más precisamente, de cerdas), mientras que “Penélope”, la mosquito-esposa Tomka, ya no está esperando que él regrese; ella está muy ocupada, depilando los rostros de los animales de la selva, puesto que es cosmetóloga. ¿Qué dices al respecto, Homero?

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A paso marcial, digno de un desfile de la caballería (dedos adentro, tacones fuera, rodillas a un lado, la pelvis baja), el mosquito Stasik volvía a casa arrastrándose. Le había pedido al veterinario, el condor Akop, que le vendase el sitio donde le había picado el chinche Mstislav: si no, no había quien anduviese, de lo mucho que picaba la zona afectada. 

Evidentemente, el mosquito Stasik soñaba con comer caliente.

Según se acercaba a su casa, sin embargo, oyó los gritos ahogados de su esposa la mosquita Tomka (“Sí, sí, ¡ahí lo tienes, ya lo tienes, aguanta!) y a alguien que decía con voz ronca: “No puedo”.

El mosquito Stasik se quedó de piedra. No obstante, el estupor le duró un segundo. Luego entró en casa y vio a Tomka arrancándole la barba a Zoya la hiena, pelo a pelo (lo que se dice una limpieza de cutis).

Preguntada por una comida caliente, Tomka le respondió a toda prisa: “¡Largo! Muerde el polvo”.

Muerde el polvo significaba arrastrarse por el barro, extraer, atacar, lavar, limpiar, cortar, derramar, encender, colocar, mezclar, etc. La comida tardaría cuarenta minutos en estar lista. Y para colmo lo más probable es que se quemase y le dejase arena entre los dientes.

Gracias por nada.

Suspirando amargamente bajo los sordos gritos de su mujer y los aullidos de la hiena Zoya, Stasik recibió de la tía Lida, la escarabajo, una preciada botella a la que llamaban “el último recurso”, y se bebió la dosis restante hasta agotar existencias.

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Se olvidó de todo, menos de la insinuante minifalda de la cerdita Alla.

El mosquito Stasik sollozó, cantó su canción favorita. “De nuevo allá, donde el mar de luces… “ y, habiéndose olvidado de todas sus heridas, salió volando de casa en dirección a la piara.

Para cuando la mosquito Tomka escondió sus honorarios en una bota, y la hiena Zoya, con los ojos llenos de lágrimas, miraba alegremente su jeta rasurada, el mosquito Stasik rondaba con sus alas a la cerdita Alla. Esta se había repantingado como en su propia casa, ya sin mini alguna. Stasik, con voz estridente, le hizo las siguientes preguntas: a) si hacía tiempo que ella se veía con el chinche Mstislav y b), si sabía que Mstislav tenía una enfermedad fea, la caries, por lo que tendría que ir durante mucho tiempo a curas y ponerse fundas. 

Pero a la cerdita Alla le entró por un oído y le salió por el otro, ya que Stasik no era su único invitado: había allí más acompañantes, como los hijos ya mayorcitos de la mosca Domna Ivánovna, por ejemplo. Perfectamente instalados, volaban enfervorecidos por el sonido de su propio rock n´ roll interior, mientras la araña Afanasii daba una clase de macramé en una esquina, en exclusiva para los allí presentes.

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La fiesta estaba en todo su apogeo, pero el mosquito Stasik se sentía solo.

Con idéntico paso marcial, digno de un desfile militar, rodillas afuera y pelvis abajo, solo que aún más hambriento, apareció por casa dispuesto a armarla. Y fue entonces cuando aspiró el maravilloso aroma de un plato caliente.

Resulta que Tomka lo había preparado todo, puesto la mesa y le estaba esperando enfundada en un delantal, como Penélope.

Y Stasik no pudo contener las lágrimas.

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