search
leyendo ahora: El regalo | Iftach Alony
search

Iftach Alony | del:hebreo

El regalo

Traducción : Florinda F. Goldberg

Imagen: © zenithcollector

Hay quien inventa mentiras y hay quien las cree.

En un mundo ideal, Jerry habría desplegado sus alas y volado de allí. Desde que tiene memoria las ha sentido bajo la piel, cosidas a su columna vertebral, y ha sabido que un día se liberarán. Claro que sí. Seguro. También al cuaderno de hojas rayadas comprimido en su bolsillo izquierdo lo ha sentido desde que tiene memoria, enrollado y sujeto con un cordón de cáñamo. A veces sueña con las figuras que se desplazan entre los renglones, aprisionadas en la oscuridad del bolsillo. Teme que se pierdan. Y están también las que quieren entrar en el cuaderno, las que erraron el camino…

Pero ahora, de pie en el dormitorio del hombre, percibe que no es solo la piel de su cuerpo lo que aprisiona las alas, sino que las sujeta algún cordón que deforma su cuerpo entero, como si él fuera uno de los personajes enrollados entre los renglones del cuaderno.

La mirada de Jerry se demora en su imagen en el espejo que cubre por dentro la puerta del ropero. “Hoy me miré mucho tiempo en el espejo. Hacía varios días que no me miraba en el espejo, quizás dos semanas…”, dice, preguntándose si el hombre percibe la deformación de su cuerpo.

El hombre frunce la nariz, de pie contra el marco de la puerta del cuarto, observa los movimientos de Jerry. “Puedes venir cuando tengas ganas… no echo llave”.

“No sé”, Jerry se encoge de hombros, “me sentiría incómodo…” Mira fijamente los ojos del muchacho delgado en el espejo, como una línea grisácea que le devuelve la mirada, piensa tengo que deslizarme dentro de él y que la puerta del ropero se cierre sobre ambos.

“Sí, aquí todos se cruzan con todos… trataré de mudarme al apartamento más alejado”, el hombre piensa en voz alta. “Te traje un regalo”, se acerca a Jerry, saca del bolsillo un pequeño paquete envuelto en una hoja rayada de cuaderno sujeta con un cordón de cáñamo.

“Sí”. Jerry toma el regalo.

“¿Cómo que sí? ¿No te apetece abrirlo?”

“Me incomoda…”

“¿Qué?”

“Que todos se crucen con todos. Que se crucen conmigo cuando entro a su casa”, Jerry pasa el regalo de mano en mano, sus dedos palpan el papel como buscando su imagen entre los renglones.

“A nadie le importa de verdad… solo te parece (solo es tu impresión). Fuera de eso (Y aparte, tampoco tienes prohibido venir a verme)… te está permitido venir a verme, ¿no? Asuntos de trabajo. Eso es lo que dirás a quien te pregunte”. {así como está da muy  poca sensación de habla}

“Sí”. Jerry mira hacia afuera. Un hombre y una mujer cruzan el rectángulo de la ventana. Una risa breve rueda hacia dentro del cuarto: “…te lo dije”.

Pasan cinco segundos que asemejan pesados mandobles sobre un tambor, ninguno de los dos se mueve. “¡Alas, alas, ábranse!”, susurra Jerry.

El hombre se le acerca. Tiende el brazo hacia él, lo hace como sin querer, desabotona la bragueta de Jerry. Jerry se concentra en desatar el nudo del cordón de cáñamo.

“Rompe de una vez el envoltorio…”, la voz del hombre suena alterada. (dice el hombre, un poco fastidiado)

Su mano está caliente. Hierve. Quema.

Jerry cierra los ojos. ¿Cuánto tiempo pasa? ¿Qué catástrofe ocurre en el mundo? ¿Qué se ha alterado en el orden natural y produce este incendio?

“No se te para”, dice el hombre.

Jerry se encoge de hombros.

“No tengas miedo”.

“No tengo miedo. No tengo miedo de usted”.

La puerta del ropero se balancea y todo el reflejo del cuarto se agita como en un terremoto. Solo la mano del hombre continúa firme. Acaricia la verga de Jerry hasta hacerle doler. Cuidado… casi murmura Jerry, tengo alas, enseguida se abrirán y volaré, casi dice. Pero el hombre no se cuida. O así será al comienzo, con crueldad, sin concesiones.

“Estás espléndido”, el hombre busca los ojos de Jerry. Por un momento los apresa como obstinado en revelar la superchería. Jerry baja la mirada. Sus ojos se detienen en el bulto que hincha los pantalones del hombre. La tiene grande.

¿Qué hago? ¿Qué quiere él que yo haga? ¿Qué tengo que hacer?

“¿Qué es exactamente lo que quiere?”

Sesenta centímetros separan el borde de la cama del espejo en la puerta del ropero. Son cuatro. Jerry los mira, en su imaginación los ve forcejear. A vida o muerte: los brazos enroscados con fuerza en torno a los cuerpos, sin concesiones. Derriban. Se incorporan. Embisten. Tironean uno del otro.

El terremoto comienza, el espejo se agrieta, uno de los Jerry cae dentro de la rajadura. Ahora son solamente tres.

Una idea atraviesa la cabeza de Jerry, ustedes tres… ustedes son los únicos que me aman.

El gran culo pecoso reverbera en el espejo. El culo centellea: línea punto, línea línea, punto… Jerry es campeón en Morse. Sigue los destellos, trata de descifrar el mensaje, como si ya estuviera dentro de él. El mensaje cautivo asusta un poco, confunde. El culo del hombre es todo menos majestuoso, con pequeñas ronchas y todo.

Jerry presta atención a otro mensaje: “Ven a mí, rápido, acércate. Aférralo. Así. Tu boca. Así, así. Hazlo como se debe. No te apresures…” El cuerpo del hombre oculta los destellos en el espejo y a Jerry le parece que oscureció. De repente. Tinieblas. Abre mucho los ojos pero el mundo está en tinieblas y siente un ahogo. Piensa: Estoy atrapado entre las ruinas de un terremoto. Procura aspirar aire, siente que los ojos se le salen de las órbitas.

“Despacio, despacio. Me encanta. Me encanta. Lo haces muy muy bien. ¡No, no no! No mires, no ahora, no ahora. ¿Qué haces?”

Jerry inspira, clava una mirada en el espejo, procura encontrar más destellos. El hombre lleva la mano hacia atrás y cierra de un golpe la puerta del ropero. “Después. Después. No te detengas. Hasta el final. Así. Sí. Así. Luego te lo haré a ti y podrás mirarte. Y mirarnos. A los cuatro”.

Con cada bocanada de aire, con cada minuto que pasa, Jerry procura hallar la verdad dentro de sí, pero la verdad se contrae, o está oculta en el espejo, y Jerry pide a la puerta que se abra. Cuenta: Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho… Calor. Siente demasiado calor en la boca. En la frente. Su cara chorrea sudor.

“Me vuelves loco. Tu lengua. Estoy vivo. Despacio, despacio”.

Jerry tiende de golpe el brazo y logra abrir la puerta del ropero.

“¡No, no, no! No mires. No ahora. ¿Qué haces?”

“Los miro a los tres”, dice Jerry y aspira.

Ya le ocurrió estar sepultado bajo las ruinas de un terremoto, sintió algo como adelante-adelante-adelante. Ahora tiene la misma sensación, que fluye hacia sus brazos y piernas como si fuera un plan que quizás alguna vez: sujeta al hombre, lo empuja, lo arroja sobre la cama. Saca una caja de fósforos, enciende uno y lo acerca al cubrecama verdoso, cuando toma fuego alza un dedo y lo pone sobre sus labios como diciendo: ¡Sh!

“¡Di el ensalmo!”, murmura Jerry, levanta la cabeza y mira al hombre desde abajo hacia arriba, su barriga resplandece, cada uno de los pelos de sus brazos resplandece. Qué batahola este terremoto. El hombre se retuerce, aprieta la cabeza de Jerry contra su barriga como si dijera pídele a mi barriga, ¡pídele lo que quieras!

Jerry siente que necesita una montaña de fuerza para salir de entre las ruinas y caminar. Piensa: el terremoto ocurrió hace muchos años. Camina por el sendero que pasa por detrás de la casa del hombre, hay luz en la ventana. Piensa: nunca hubo terremoto. Simplemente la vida es así, quebrada. El hombre lo llama por la ventana: “Eh, olvidaste tu regalo!”

Jerry se endereza, siente su cuerpo como el de un animal dormido o magullado, y llevado por el mismo impulso desenrolla el cuaderno. Un viento loco sopla y por la fuerza de su locura entran y salen figuras de entre los renglones, le parece que lo llevan sobre sus espaldas como Nils Holgersson a lomos del pato salvaje. Desde la altura los campos parecen cuadrados de rayuela y las casas son pequeñas. Piensa en Nils que aprendió el lenguaje de los patos salvajes, que tiene solo dos palabras: la primera que equivale más o menos a lo que llaman cielo y la segunda, a todas las demás cosas.

The Short Story Project C | The Short Story Project INC 2018

Lovingly crafted by Oddity&Rfesty

Send this to a friend

Hi, this may be interesting you: El regalo! This is the link: https://www.shortstoryproject.com/es/el-regalo/