Cohiba

Jenn Díaz sobre:

Cohiba por Lucía Puenzo

Lucía Puenzo ha conseguido “la buena” con el relato Cohiba. Desde la primera hasta la última de sus frases consigue agarrarte y dejarte pegado a la historia: pero no de un modo agradable, sino todo lo contrario. La historia de la seminarista que se cruza con el misterioso hombre es sucia y morbosa. Del mismo modo que la brasilera acaba asumiendo que el secreto de Cohiba importa menos que su interés por él, la sensación de peligro que uno siente al leer este cuento es la misma: no importa qué vayamos a encontrarnos finalmente, cómo encontrará la brasileña el final para su cuento lleno de lugares comunes. No es de extrañar que Lucía Puenzo sea guionista, porque ha sabido cómo administrar la información de tal modo que no sepas muy bien qué te espera al doblar la esquina. En la primera escena parece que la autora haya decidido contarnos una historia más sobre el abuso, pero va más allá. La historia de Cohiba es la historia que no querríamos leer, que no querríamos que se basara en la realidad. Y también es la historia que todos sabemos que, además de se “la buena” del maestro, es la pesadilla de tantas mujeres. El relato tiene ritmo de persecución, pero no te das cuenta de que el cazador ya ha cazado a su víctima desde el principio.