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El universo de las cosas

Eyal Dotan sobre:

El universo de las cosas por Gwyneth Jones

Esta es la primera traducción al hebreo de una obra de Gwyneth Jones, premiada escritora británica, autora de numerosas novelas. El cuento relata un encuentro aparentemente trivial entre un mecánico y un extraterrestre que lleva a reparar su auto al taller. El mecánico queda cautivado por su imagen e intenta retenerlo allí bajo diversos pretextos, incluso llega a ofrecerle alojamiento para pasar la noche. Cuando el extraterrestre rechaza la invitación, el mecánico debe contentarse con trabajar en su auto, cosa que hace durante toda la noche. Los dejo descubrir lo que le pasa esa noche al protagonista en el taller. Sólo diré que el talento literario de Gwyneth Jones para imaginar modos de conciencia no humanos alcanza en este cuento su punto más alto, y que los amantes del LSD seguramente encontrarán en él ecos de sus experiencias.
En algún momento, “El universo de las cosas” fue catalogado sencillamente como ciencia ficción, pero con los años esta categoría se volvió tan amplia y ambigua que se hizo necesaria una segmentación más precisa; segmentación que no necesariamente beneficia a este texto. En lo que respecta a su literatura de ciencia ficción, sin duda Jones será considerada en términos contemporáneos como una post o trans humanista, porque el fin último de su proyecto es transportar tanto a los lectores como a los protagonistas más allá del umbral humano hacia una conciencia y sensación extraterrestres, ya se trate de seres de otro planeta o de formas de vida extraterrestre en nuestro propio mundo bajo la forma de piedras, gotas de agua o, en este cuento, un auto. En definitiva, hay un gran optimismo en los textos de Jones porque la suya es una literatura que no acepta el supuesto kantiano de que estamos separados del mundo y, por ende, destinados a permanecer confinados para siempre dentro de la arquitectura y el soporte físico del sujeto.
Este cuento en particular pertenece a un ciclo de cuentos acerca de los Aleutianos: una raza de extraterrestres de apariencia humana que llegan a la tierra en el futuro cercano con la intención de colonizarla. Tal vez en contraste con lo que se espera aquí, éstos no le declaran la guerra a la humanidad sino que viven junto a ella en un status quo tenso pero estable, sin ganas de irse pero tampoco deseando la confrontación.
Están más avanzados tecnológicamente, y esto provoca un inmenso sentimiento de inferioridad del otro lado. Dejamos de ser el súmmum de la creación. Uno de los aspectos más interesantes de la aparición de los extraterrestres en nuestro mundo es, en mi opinión, el shock y las consiguientes reacciones en cadena que indudablemente tendrán lugar en cada nivel y en cada elemento del sujeto humano y en los colectivos a los que él o ella pertenezcan. ¿Cómo será pasar de ser el león a ser el zorro; pasar de ser la cabeza a ser la cola? Esta es una pregunta que la ciencia ficción pondera desde sus inicios, pero en este cuento, Jones se enfoca casi exclusivamente en las implicancias psicológicas del encuentro entre hombre y extraterrestre, y en mi opinión, sale airosa al relatar de modo complejo y delicado –aunque sea, por supuesto, totalmente especulativo– lo que sucedería en un eventual vínculo entre ambos.
Los preconceptos iniciales del mecánico sobre el extraterrestre provienen de libros de psicología pop y programas de TV. La primera dificultad para los humanos para entender la “mente” extraterrestre no es su género ambivalente innato, ya que esta idea se está volviendo cada vez más popular en nuestro mundo de hoy, sino su peculiar existencia colectiva: ellos no están separados entre sí ni separados de los objetos que constituyen su mundo. Secretan gérmenes que actúan como una suerte de medio que recubre todo lo que tocan, o todas las cosas con las que conviven, de modo que cualquier distinción entre objeto y sujeto, o entre objeto y objeto se diluye y es reemplazada por una red infinita y multidimensional de coordenadas variables. Claro que una descripción de este tipo plantea la cuestión de si acaso la sociedad humana, en particular desde su expansión hacia el ciberespacio, no estará marchando en esta dirección, o tal vez ya esté ahí –salvo que sin la conciencia de su condición epistémica. En cualquier caso, ninguna teoría, por más compleja que sea, iguala una interacción con el ser y la experiencia extraterrestres. El mecánico comprende esto cuando se queda solo con el auto, pero para verlo, lo mejor será zambullirse directamente en el texto de Jones.

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