La clase de gimnasia

Gadi Goldberg sobre:

La clase de gimnasia por Rainer Maria Rilke

Rilke es conocido principalmente como poeta. Su obra narrativa más famosa es la novela “Los cuadernos de Malte Laurids Brigge” (1910), que claramente puede ser definida como prosa poética. Pocos saben que Rilke ha escrito también no pocos cuentos, mayormente durante su adolescencia. Rilke escribió “La clase de gimnasia” en su diario personal, la noche del 5 de noviembre de 1899, cuando sintió repentinamente “una gran urgencia de escribir la novela militar” que había planeado, según él mismo lo dejó señalado en las oraciones que anteceden al cuento en su diario. En dicha novela Rilke planeaba reelaborar sus experiencias de la Escuela Militar en la que de joven había estudiado. El plan, finalmente, no fue llevado a cabo porque Rilke no se sentía capaz de realizarlo. El cuento, por lo que concierne a su contenido, es muy sencillo, y se centra en un único episodio: una escena en la vida de los alumnos de la Escuela Militar. Tan precisa es la focalización del cuento en torno a este episodio, que las primeras oraciones podrían leerese como acotaciones escénicas de una obra teatral. No obstante, el conficto configurado en este relato no es para nada sencillo. Rilke consigue mostrar, en pocas páginas, uno de los conflictos más angustiantes y problemáticos del mundo moderno: la disolución del individuo dentro del colectivo. Aqui Rilke emplea, para intensificar la escena, al colectivo cuyo régimen de autoridad y estricta disciplina desgastan en mayor medida la humanidad del individuo. Y cuando por única vez el individuo intenta transgredir los limites de la disciplina militar, su final habrá de ser fatídico: es como si Rilke quisiera decirnos que sólo la muerte nos puede liberar de la pérdida de la identidad individual, tal como ocurre en el militarismo. El hecho de que tras la muerte de Gruber los suboficiales-instructores continúen ejerciendo una recia disciplina y no cambien ni un ápice de la severidad con la que conducen la clase, sólo incrementa la sensación de desgaste del invididuo en la trituradora militarista. El final del cuento muestra hasta qué punto la Escuela Militar ha aniquilado a sus alumnos: incluso tras la muerte de uno de sus compañeros, ellos no son capaces de reaccionar sino de manera cómica, no pudiendo captar cuánto ha desmejorado su situación en tanto seres humanos insertos en la maquinaria militar.