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Los trenes que van a Madrás

Alon Altaras sobre:

Los trenes que van a Madrás por Antonio Tabucchi

Refinamiento. Este es el rasgo distintivo de la prosa de Antonio Tabucchi. El cuento que sigue a continuación, «Los trenes que van a Madrás», constituye un acabado ejemplo de la capacidad de Tabucchi para abordar, aun dentro de los límites del género cuentístico, temas que generalmente han hecho de la novela su territorio natural.
Tabucchi se desplaza hasta la lejana India para hablar sobre la gran tragedia europea. Ésta no es mencionada ni una vez en las páginas del relato, y sin embargo ella «flota» por encima de las conversaciones que mantienen los dos protagonistas de «Los trenes que van a Madrás», los acompaña en su trayecto y quizás esté determinando su recorrido.
No muchos saben acerca del anhelo de los nazis –los intelectuales nazis– por Nepal y por la India. Es precisamente en estos territorios tan lejanos de Berlin y de la Viena del Tercer Reich que ellos, en su fantasía, han encontrado las raíces de la raza aria, la raza superior.
Tabucchi conoce perfectamente esta faceta esotérica de la ideología nazi. La escultura de Shiva, uno de los focos de las páginas del relato, es la que conecta estas culturas tan remotas entre sí – Alemania e India. La escultura yace sobre la mesa de un médico, y no se trata de cualquier médico alemán o nazi. Este médico, tan sensible al arte oriental, es quizás de uno de los símbolos más contundentes de la ciencia nazi, y tampoco su nombre es mencionado. No es necesario, pareciera decirnos Tabucchi, el lector sabe cuál es el nombre de este hombre, el nombre se halla grabado en la conciencia de toda persona de Occidente.
El héroe de «Los trenes que van a Madrás» es israelí, o al menos es portador de un pasaporte israelí. ¿Acaso el héroe pertenece a alguna organización, o sólo ha venido a Madrás para atar algún cabo suelto de su propia vida? El interrogante permanecerá abierto. Vale destacar, no obstante, que es el primer israelí en toda la prosa de Antonio Tabucchi.
El diálogo con obras de otros escritores ha acompañado siempre a la escritura del autor toscano. En esta oportunidad, Tabucchi convoca en estas páginas tan refinadas a Chamisso, el autor del relato sobre Peter Schlemihl. Ni más ni menos: el israelí que viaja a Madrás se presenta ante el mundo con el nombre de un protagonista literario muy peculiar. El lector haría bien en echarle un vistazo al cuento de Chamisso antes de leer «Los trenes que van a Madrás»; podrá descubrir que ambos relatos poseen sombras. El cuento de Tabucchi ilumina esas sombras, principalmente las del pasado europeo de la segunda guerra mundial.
¿Es posible iluminar sombras? Sí, cuando un gran escritor las describe con sus palabras, también las sombras brillan.

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