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Sin novedades O, ¿Qué mato al perro?

Oded Wolkstein sobre:

Sin novedades O, ¿Qué mato al perro? por Ray Bradbury

Tras la muerte de Ray Bradbury, Stephen King sostuvo que oía el estruendo de las pisadas de un gigante que se aleja. Esta impresión pareciera adecuarse también a algunas de las mejores obras del escritor, especialmente a sus cuentos cortos: besos furtivos en la penumbra que equivalen, en muchos casos, a una relación entera. Generalmente no vemos a aquel gigante andando en estos cuentos, y no nos enteramos de su total dimensión. Pero al finalizar la lectura oímos el eco de sus pisadas, y comprendemos que algo muy grande y perturbador ha pasado a nuestro lado. El siguiente relato teje círculos que van ensanchándose de significado, memoria y recuerdo en torno a la muerte de un perro: el perro querido por la familia. En muy pocas páginas, Bradbury logra codificar una parábola sobre la muerte y la posibilidad imaginaria de vencerla de una vez y para siempre; sobre la vida como un relato de ciencia ficción, y, no menos importante, sobre el modo profundo con que la ciencia ficción «toca» la vida y las diversas maneras que tenemos de narrarla. Esa vida es configurada, en este relato, como una rara mezcla entre una concatenación casual de tragedias y algunos milagros fortuitos; y la fe –bastante ingenua– en el progreso suscitará (gracias a dios) su misterioso contrario. Resulta claro que todo esto es una alegoría de algo, pero ¿de qué? Walter Benjamin distingue entre dos tipos de alegorías. El primer tipo de alegorías se abre como un bote de papel – tú enderezas el último de los pliegues y el bote desaparece bajo tus dedos, como si se desintegrara luego de haberle extraído su significado. El segundo tipo de alegorías se abre como una flor. Hela aquí.

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