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Giancarlo Poma

Escaleta para un filme sobre Trent

En la primera escena, el protagonista nos observa tras las rejas.

En la segunda, nos escupe su nombre: «Trent».

En la tercera, tacha una fila de líneas con la que lleva la cuenta de los años.

Toda la celda está plagada de líneas, descubrimos en la cuarta.

«Han sido treinta años», precisa Trent en la quinta.

En la sexta, sospechamos que ha perdido la cordura.

La séptima mezcla dos imágenes del pasado: el horror en la mujer de Trent y el revólver con el que se cometió el crimen.

La octava es la sonrisa de la mujer de Trent mucho antes de que este consiguiera un arma: es una sonrisa descalza, que camina por la orilla de la mano de Trent, una sonrisa fabricada por la más desalmada agencia de publicidad en Nueva York.

Nos atemoriza la novena: Trent acusa a su mujer de serle infiel.

En un flashback a la semana anterior, la décima nos muestra a Trent conduciendo un nitbus, pero en su cabeza no hay calles vacías o pasajeros desvelados, sino los gemidos acompasados de su mujer siendo follada por un cretino sin rostro.

En la undécima, vemos a la mujer de Trent con un camisón de satén y sin maquillaje, liándose un cigarrillo mientras él suplica perdón.

En la duodécima, la mujer le dice que es un imbécil y que la tiene harta.

Eso significa que se marchará para siempre, advertimos en la decimotercera.

En la decimocuarta, Trent cae de rodillas y rompe en llanto.

Perdemos todo rastro de compasión por Trent en la decimoquinta cuando susurra: «Nunca volverá a suceder».

En la decimosexta, se cuelga de las bragas de su mujer hasta desparramarse por el suelo.

La mujer se aleja en la decimoséptima y quisiéramos conocer su nombre, o mejor aún, que esta sea su historia, pero no estamos en control de la situación.

En la decimoctava, Trent seca sus lágrimas con las bragas de su mujer y un vello entrecano le insinúa que ha arruinado la mitad de una vida.

En la decimonovena, recordamos el revólver.

La vigésima es confusa: Trent permanece de pie frente al dormitorio, pero luego da media vuelta y sale de casa.

En la vigesimoprimera, comprobamos que caminó esa noche hasta el bar con un arma en la mano y nadie alertó a la policía.

En la vigesimosegunda, el mesero se acerca a la mesa.

Trent pide una caña en la vigesimotercera.

«Hoy has mandado a la mierda el curro», comenta el mesero en la vigesimocuarta.

Trent alza la mirada en la vigesimoquinta y le vuela los dientes de un disparo.

En la vigesimosexta, le desfigura el rostro con dos disparos más.

La vigesimoséptima ocurre en la comisaría: el forense aclara que el occiso usaba bigote.

Hemos vuelto a la celda en la vigesimoctava.

En la vigesimonovena, escuchamos los pasos del guardia que debería escoltar a Trent a la libertad.

La trigésima es la última escena.

Funde a negro.

Créditos.

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