Write Stories

Bernardo Pérez-Goodman

¡Sin límite de tiempo!

 

 

 

                                                                    Para Rafael Tomé

 

                                                   Y para uno de los grandes ídolos

                                                   de aquella infancia fiera…                                                                            

                                                                                                                                                               

— ¡Señoras  y señores; lucharán a dos de tres caídas…! : En ésta esquina… ¡Órale, gueyes, todavía no…!

 

 Antes de que el anunciador concluyera su perorata, el de Azul ya estaba sobre su archirrival: lo sujetó de los hombros, casi del pescuezo, y lo dobló, levantándolo después de un certero en pleno rostro.

Aquél tuvo que hacerse a un lado de inmediato, so riesgo de que se lo llevaran entre las espuelas.

El de la máscara plata y blanco rodó por el entarimado, y el Azul, sin darle un instante de cuartel, ejecutando una marometa impresionante, de las que tenía acostumbrado a su público, voló por los aires con el evidente propósito de dejarle en calidad de estampilla.

El escaso público  —un rostro aquí, otro por allá, en el jacalón a medias oscuro, bostezaba en sus asientos. Apenas alguno prestaba parva atención al encuentro de los colosos del pancracio.

La masacre en pleno: los piquetes de ojos, los globos que se hunden dentro de las cuencas, y un quejido de dolor acallado con un preciso y contundente cachetadón.

Silencio como de aburrimiento, de estar esperando algo mejor.

Haciendo uso de sus conocidas artimañas, el Blue lo pepenó de la máscara, arrastrándolo por todo el espacio.

—¡Muere, maldito, muere de una vez…! 

Y le arreaba tremendos mandarriazos en el lomo. Hasta un par de patadas en el justo trasero le recetó.

Primero uno; otro después; varios, muchos al mismo tiempo: silbatina de la impaciencia exacerbada del respetable.

Un vaso restalló arrojando su contenido muy cerca de los guerreros enfrascados, a punto de la cabeza del técnico, que recibía el brutal castigo de su enemigo.

Las patadas voladoras; el derrumbe total del plateado.

Ya está sobre de él, aplicando la de a caballo —sopita de su propio chocolate—,  sus enormes manazas desatan una a una las agujetas que sostienen su tapadera, sin dejar de propinarle, de cuando en cuando, uno que otro coscorronazo.

—¡Tese quieto, cabrón!

 

Las luces se apagan entonces, todo se sume en las tinieblas; la rechifla y la gritería se vuelven generales.

Se escucha la voz de antes gritar:

—¡Ya, pendejos, ya va a seguir la película…!

Los gladiadores —dos sombras furtivas— saltan del proscenio y vuelven a sus butacas en primera fila. 

—Dame chesco, guey…no mames.

—Cállate… ¡El DEMON!

 

Ambos encapuchados, sudorosos, jadeantes, abrazados por los hombros, miran perplejos y boquiabiertos el rostro forrado de azul que aparece en la pantalla y cuya voz retumba entre ecos en el vacío de la sala semidesierta:

 

“Hombres como tú y yo hemos nacido para mandar y ser obedecidos…”

 

 

 

 

 

1
Liked the story? Comment below.

avatar
newest oldest most voted
Alberto Segundo
Alberto Segundo

Muy bien fratello! Cómo he reído remembrando las tardes de la niñez en el Mitla acompañado del estruendo de los co asistentes con sus gritos y exclamaciones Tales como: “rómpele su madre Blue! “ ó “ya me voy con tu mamá “. . . !!🤪😄