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Bernardo Pérez-Goodman

Titán familiar

   Ps sí, chamacos, como les iba diciendo _ el velador exprimió lo que quedaba  del pomo de presidiario en nuestros vasos de plástico; ya antes se había servido en el suyo. Las llamas bailaban como mujeres de cabaret frente a mis pupilas. Siguiéndole, mi compa se ocupaba en llenarlos con cocacola _ … el Titán fue un refresco muy famoso en los sesentas, de sabores, en botella de güiro, como la del oranche… yo lo bebía en la escuela, me gustaba de mandarina y limón… pero el Titán de aquí fue un cine, aquí estuvo, justo donde estamos ahora, en este pedazo de baldío…dizque era familiar, pero no, a lo mejor al principio, pero luego ya no…venía mucho malviviente, viciosos, rateros del rumbo, de esos que les gusta abusar de los chamacos, pura escoria, nada de lo que haiga que orgullecerse…Hasta pasaban, a la hora de los cortos, un letrero en blanco y negro que decía no deje ir solos a sus niños a los sanitarios La administración … Yo era  cabrón, pero nunca me atreví, mejor me aguantaba a la pis en la calle, al fin que la ciudad era rete oscura, ya ven cómo es ahora…

 

El Chueco y yo nos miramos un instante y como que nos quiso dar risa lo que estaba contando _ se los juro, yo mismo lo vi… Pero muy antes fue un jacalón, de tablas…venía puro obrero. Ps mi abuelo me contó que una vez, en viernes santo, pasaban una película de Jesús, y estaba lleno, cuando las gradas de madera se derrumbaron, todos esos pobres cristianos se vinieron abajo junto con la estructura podrida, hubo un chorro de muertos, cerraron el local un buen de tiempo, luego dizque lo remozaron y a funcionar otra vez… aquí se oyen ruidos, gemidos, llantos, a veces se ven sombras, sombras de gente que como que se cae…yo los he visto con estos ojos, se los juro… por Diosito que es la purita verda’… y besó la cruz que había formado con sus dedos ennegrecidos.

 

Yo me paré y fui a orinar al fondo del predio, donde estaban tres o cuatro coches estacionados. Dejé salir el agua y el frío de la madrugada que me pegó me produjo la sensación de que se me bajaba la peda. Por alguna razón me pegué con todo mi cuerpo al muro, extendí mis brazos para sentirlo bajo mis palmas, creo que lo palpé con cariño; abrí mis ojos a todo lo que daban para tratar de abarcarlo: el paredón pelón, de tabique carcomido, embarrado de obscuridad, picado de historias viejas que a nadie le importan.

Regresé hasta donde estaban mis compañeros de farra, entre los coches y cubetas, cepillos, fierros varios. Y mire de  nuevo arriba, al firmamento donde aun resplandecían tres o cuatro estrellas solitarias. Y me puse a imaginar el sonido de los cuerpos al caer, como si desde el cielo, sobre los automóviles, un parabrisas quebrado ante el impacto, otros sobre la tierra,  huesos que se quiebran contra el pavimento…

 

Ya no falta para que amanezca. Y ya no hay vino. Oigo voces de gente que pasa. Es hora de largarse. Las sombras que proyecta la fogata _dos cuerpos inhumanos, deformes y estirados, se expanden por el piso lleno de boquetes. Por descuido casi las piso.

 

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Jorge Anuar
Jorge Anuar

Real nice short story. I like to read this kind of stuff, takes me to another time, another places. The figure of the shadows walked by the narrator, pretty nice and witti.