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Alexandra Jiménez

El llanto del mono

Este es mi oficio y esto pone comida en mi mesa. Tengo un pedido de un mono y por eso hoy salí de cacería. Estaba durmiendo en un catre en medio de unos árboles y hoy, como desde hace dos años, se me ha quitado otra vez el sueño en la madrugada. Antes de este oficio yo dormía muy bien, pero ya no lo hago.  Así no tenga pedido, no logro dormir como antes. Es como si el sueño hubiese sido desterrado. 

Veo con dificultad la hora y me doy cuenta que son las tres de la mañana. ¡Me he despertado otra vez a la misma hora!, y aunque eso no me sorprende, sí me preocupa. Es que desde niño siempre escuché que esa hora era el momento exacto donde la realidad se besaba con lo desconocido. Al menos eso era lo que siempre decían las personas mayores de este pueblo. Pues sí, vengo de este mismo pueblo perdido en medio del bosque y ahora estoy aquí, entre los árboles, aprovechando la ventaja de ser parte de este sitio.

Tres de la mañana…. El cielo está oscuro y hace un poco de calor, sin embargo, me encuentro en medio de árboles de algarrobo y palo santo y el viento ha comenzado a silbar. Ahora reina un silencio absoluto. Esta es la extraña hora de transición entre la oscuridad extrema y la cercanía de la aurora. Escucho claramente el zumbido de mosquitos pasado por mi oreja izquierda y derecha pero no se atreven a picarme. En medio del silencio, sus zumbidos simulan el sonido de lejanas sierras bien lubricadas. Todo es quietud e infinito silencio. De pronto la cigarra inicia su súplica por agua. Se le unen otras compañeras más en su afán común. Supongo que son muchas, debido al extraño himno del que soy testigo. Luego unos sapos se convierten en compañeros musicales de la sinfonía silvestre. Escucho un ruido. Algo se mueve. Las cigarras y los sapos también lo sienten, porque al igual que yo, detienen su obertura y ahora mejor esperan. Nada más pasa, pero presiento que algo se avecina y eso me mantiene expectante. Esta no es la mejor hora para atrapar animales, porque los que quiero y busco aún duermen. Silencio.. Nada se percibe. Se reinician las súplicas y el himno. 

Espero y miro a mi alrededor pero todo está oscuro. Intento identificar los olores, pero tan sólo empiezo a percibir el olor a tierra húmeda, el olor de hierba fresca. Ha comenzado a lloviznar y otra vez algo se mueve entre los matorrales. Decido ir a investigar  para ver qué es lo que pasa. Entonces escucho un sonido extraño. En la oscuridad la veo. Una pequeña silueta gris con cola se detiene frente a mí y me mira de soslayo con desconfianza. Intenta robarse una frutas que tengo en mi catre para pasar el momento, pero al ser sorprendida se escapa. Es una zarigüeya. Quiero capturarla pero me elude con magistral agilidad, haciéndome trastabillar y hacerme sentir como un torpe. Se escapa entre mis piernas y corre con extrema velocidad, deteniéndose una y otra vez para mirarme y ver si aún la persigo. Veo ligeramente sus pequeños dientecillos. Parece como si se estuviera burlando de mí.  

Se reanuda entonces el estridular de las cigarras, así como el croar de los sapos y creo sentir que con su curiosa sinfonía se están burlando. Es tan sólo una pequeña cría pero logra engañarme otra vez. Es extraño, no se escapa sino que se detiene a cada rato para dirigirme una mirada desafiante y a ratos burlesca a través de sus pequeñísimos ojos. 

Exaltado por el insulto a mi astucia, busco entre mis artilugios de cacería, algo con qué atraparla, pero no encuentro nada adecuado y aquello más bien le da ventaja para escapar y superarme. De pronto, escucho ladridos de perros a lo lejos. Me doy cuenta entonces que he perdido mi tiempo en mi extraño afán de capturar a una tonta y ridícula zarigüeya que ahora se hace la muerta. Me detengo. Escucho los perros cada vez más cerca. Miro hacia los lados y de nuevo, oscuridad extrema. Los sapos y cigarras se han silenciado y la llovizna hace no sé cuánto, ha amainado. Sin embargo, estoy empapado. No sé si por mi propio sudor o por la llovizna. Escucho el latir de mi corazón, que se contrae agitado por esta inusitada carrera nocturna. Todo sigue aún oscuro. Veo mi reloj y me sorprendo. Son las tres de la mañana. Supongo que este artefacto ha de estar descompuesto. Lo golpeo. Lo agito. No funciona. Un breve relámpago ilumina el lugar donde me encuentro, pero no observo nada en absoluto. 

Tres de la mañana -pienso. Algo no está bien -murmuro para mí-. Un nuevo relámpago hiere con su luz las linieblas y de pronto veo a la cría a unos escasos centímetros, mirándome triunfante y malignamente de soslayo, luego de lo cual se desvanece. 

¡No lo dejes escapar!. ¡Es un mono!,grita agitadamente una voz masculina desconocida. Volteo y miro otra vez hacia todos lados, intentando ver dónde está el primate al que se refieren. ¡Pero estoy en medio de tinieblas y no veo absolutamente nada!. Empiezo a sentir miedo y mis piernas se vuelven pesadas, dando tan sólo pequeños pasitos. ¡Al fin logro verlos! y me doy cuenta que al igual que yo, son dos pobladores nativos del área, que vienen hacia mí con ojos inyectados e increíblemente abiertos. Sus labios dibujan sonrisas amplias y con las bocas muy abiertas corren hacia mí sin aliento.

¡Dispárale!, grita uno de ellos a su compañero. Siento entonces un pinchazo en mi pierna. ¿De qué mono hablan?, me pregunto con angustia. ¡Yo también lo quiero!, me digo a mí mismo. Trato de correr infructuosamente a tientas, pero no sé hacia dónde y mis pies están aún más y más entumecidos y lentos. Poco a poco empiezo a perder estabilidad. Lucho entonces con todas mis fuerzas para no quedarme dormido. Las cigarras y los sapos, empiezan a cantar inusitadamente y el ritmo va ahora en crescendo hasta volverse en un ruido ensordecedor. Los hombres siguen hablando, pero poco a poco su lenguaje se convierte en algo que no entiendo. Caigo de bruces en la tierra, pero trato de incorporarme con lo que aún me quedan de fuerzas. Intento hablarles pero no puedo. Siento la lengua pesada y sólo articulo unos chillidos. Tengo a los dos hombres frente a mí y uno de ellos me golpea inmisericorde la cabeza. 

Tres de la mañana… La cabeza me arde y todo me da vueltas. Estoy seguro de que este es un sueño. ¿Qué les pasa? soy un huhuhu…ma…aa… 

 

#realismomágico  #animales  #amoranimales  #saveanimales #suspenso

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Tatiana Rivera Sari

Excelente historia.. El suspenso y misterio me encanta

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