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Jesus Nieto Urbina

El arte de putear

Hay gente que sabe putear, cuando los escuchás están recitando poesía. Otros, en cambio, parecen niños repitiendo lo que dicen los adultos. Putear es un arte, y como en todo arte, la práctica te ayuda a mejorar, pero tenés que tener un talento natural, de nacimiento, para que sea perfecto. Y hay gente que nace con el talento de putear, principalmente en Argentina. Por eso es que, para mí, lo correcto es que exista el oficio de puteador. Por ejemplo, podría hacer grabaciones ASMR, donde el profesional se acerque al micrófono y empiece a largar una exquisita cadena de guarangadas conectadas entre sí, donde cada frase complementa a la otra. Porque en este fino arte no sólo influye el tono de voz y las ganas con las que recita el puteador, también es importante elegir el orden correcto para cada frase. No es lo mismo decir «hijo de puta, la concha de tu madre», que decir «la concha de tu madre, hijo de puta». Y si le agregas un «forro» al final queda todavía mejor.

 

Otro trabajo posible es en los estadios. Nunca, en ningún otro lugar en el mundo, una persona puteando va a ser tan importante como en una cancha del fútbol argentino. En nuestros partidos, una puteada sirve tanto para corregir el juego de un equipo, como para incentivarlo, incluso para felicitarlo. «¡Qué hijo de puta!», es un elogio que todo jugador sueña con recibir, palabras dichas con un tono que demuestran admiración. Esa flor bajando de la tribuna es una caricia al corazón del deportista. Y en estas épocas de pandemia, el rol de puteador es más importante que nunca. Ahora que las gradas están vacías y los hinchas siguen los partidos desde casa, es necesario que haya alguien que les recuerde que miles de personas están atentas a sus actos, y que sus jugadas le pueden alegrar o arruinar el día, o la semana, a tanta gente.

 

Aunque el rol más importante sería para el estado. Que la gente elija mediante votaciones, como si se tratara de un presidente o un gobernador o un diputado, al puteador nacional. Ese que represente con orgullo a todos los argentinos, aquél que se pare al lado de los políticos para transmitirles el mensaje que necesitan escuchar. Quizás así, los políticos entiendan que las puteadas de la gente son oficiales, y por fin empiecen a hacer las cosas bien.

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