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Iana Malaga

Historia en un típico bar americano 

Mi esposo y yo nos mudamos a Estados Unidos hace unos meses. Para celebrar una “retrasada” Luna de Miel, decidimos ir de paseo parando nuestro carro por diferentes estados. Un día de aquellos estaba vestida con mi blusa de a cuadros larga y un cowboy lleno de tatuajes en el antebrazo se me acercó y me confundió con alguien de su comarca. Yo sincera, le dije que provenía de Perú. Como no sabía decir más que ‘sí’, ´no’ y ‘Perú es Machu Picchu´ (es lo único que sabe la mayoría de gringos sobre nosotros) en español, le dije que mejor nos entendíamos en su perfecto inglés texano.

Luego nos pusimos a escuchar música country en una vieja rockola del bar (precisamente a Dolly Parton) y después de tomar seis botellas de Budweiser nos fuimos a su casa rodante a seguirla. Pero como no tenía calefacción (¡diablos que hace frío en Kansas City!) nos fuimos a un motel llamado ‘La Boca del Lobo’ que estaba en medio de una carretera llena de cactus. ¿Qué pasó? Me asusté por lo que, muy amablemente, el vaquero me regresó al bar en su toro domado, que ya estaba afuera del motel porque el dueño lo ubicó por GPS. Yo no me acordaba, pero alguien me estaba esperando en plena madrugada (como se ve en la foto). Un momento. ¿Qué hacía yo bricheando? Lamenté lo sucedido y concluí que prefiero a mi ‘perucho’ fiel e intelectual que a cualquier americano que le falta mundo.

Ese solo fue solo uno de mis días de aventuras en eso que llamamos el país más poderoso del planeta.

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