Larissa Bilevitch

La princesa y el gusano

En un país muy lejano, casi en el fin del mundo, vivía una princesa. Se llamaba Violeta. Como todas las princesas vivía en un castillo en la cima de una gran montaña. Pero Violeta no era una princesa cualquiera, ella tenía una afición muy poco común entre princesas:

¡A Violeta le gustaba pescar!

Totos los dias ella se despertaba a las cinco de la mañana, tomaba un vaso de agua, cepillaba sus dientes y salía del castillo con un balde en una mano y una caña de pescar en la otra. En el balde llevaba un tarro con gusanos de tierra que Violeta había encontrado el día anterior. Ella los utilizaba como carnada para atraer peces.

¡Violeta era una pescadora excelente! Nunca volvía al castillo sin su balde lleno de truchas, meros, carpas y otros peces de lago.

Un día cualquiera como cualquier otro, Violeta se despertó a las cinco de la mañana y observó al lado de su cama una caña de pescar nueva, un balde y una pala para escarbar gusanos de tierra. En el mango de la caña había pegada una tarjeta con una nota que decía “Querida Violeta, feliz cumpleaños, tu papá y mamá, el Rey y la Reina.”

Aunque era muy temprano, la princesa empezó a brincar sobre la cama de alegría. ¡Los padres la regalaron justo lo que ella necesitaba! Después de dar ocho saltos, uno por cada año que cumplía, Violeta bajó de la cama y se puso su ropa favorita: un jean azul, un saco rojo, una chaqueta impermeable verde y botas rosadas de caucho.

Cuando Violeta estaba preparada para salir, recordó que no tenía gusanos de tierra para pescar. El día anterior no había podido excavar pues su pala se había roto.

“¡No pasa nada!” pensó Violeta, “Con mi pala nueva excavaré nuevos y más grandes!”

Violeta salió del castillo corriendo, bajó de la montaña y fue al jardín que estaba cerca de la orilla. Allí empezó a escavar la huerta de lechugas; sabía que allí siempre se encontraban gusanos mas gordos.

Al haber encontrado ocho gusanos, Violeta se fue a pescar. Llegó a su lugar preferido, se sentó en la orilla y sacó del tarro un gusano.

—    ¡Princesa! — suplicó el gusano, — No me pongas en el anzuelo por favor, yo puedo ser muy útil para ti!

—    ¿Y como un gusano de tierra podría serme útil, aparte de ser comida de los peces? —  le preguntó Violeta al gusano.

— Soy un gusano mágico! — exclamó el gusano —.

— Compruébalo! — ordenó la princesa —.

— Pues, ¡yo puedo cantar! — dijo el gusano —.

— Entonces, ¡canta! — ordenó Violeta — .

— Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz …— cantó el gusano con una voz muy débil y temblorosa.

— ¿Cómo sabías que hoy es mi cumpleaños? — exclamó la princesa — .

— ¡Como te dije, soy un gusano mágico! — dijo el gusano — .

—  ¡No te creo! — dijo la princesa —.

— Si hubieras sido un gusano mágico, ¡cantarías bien y tú cantas muy mal! —
— ¡Yo puedo bailar! — exclamó el gusano y empezó a retorcerse y contonearse convulsivamente.
— Bailas como cualquier otro gusano, ¡NO eres nada mágico! — dijo la princesa y lo acercó al anzuelo.
— ¡No! No lo hagas, ¡por favor! — gritó el gusano, — En diez años voy a convertirme en un príncipe muy guapo y me casaré contigo!
— ¿Cómo puedes convertirte en un príncipe? — preguntó la princesa —.
— La verdad es que soy un príncipe hechizado, una bruja me convirtió en un gusano de tierra!
— ¿Y en diez años el hechizo se romperá? — preguntó la princesa—.

— ¡Exactamente! — le aseguró el gusano.
— ¿Y dónde nos encontraremos? — preguntó la princesa — .

— Aquí, en la huerta de lechugas! — contestó el gusano — .

— ¡Bien! — dijo Violeta soltando el gusano, — ¡Entonces, nos vemos en diez años!
— Sí, ¡hasta que cumplas 18 años! — gritó el gusano de alegría —.
 
Violeta nunca contó a nadie de su encuentro con la lombriz mágica. Era su secreto. Tampoco volvió a excavar gusanos de tierra en la huerta de lechugas. No quería molestar a su “prometido”.

Pasaron los diez años y un día cualquiera Violeta se despertó y vio en el tapete frente de su cama un jean azul nuevo, un saco rojo nuevo y unas botas rosadas de caucho nuevas. En la bota izquierda había una tarjeta que decía “Querida Violeta, feliz cumpleaños, tu papá y mamá, el Rey y la Reina.”

Violeta quería dar 18 brincos sobre la cama, uno por cada año que cumplía, pero decidió no hacerlo, era ya lo suficientemente grande y tenía miedo de que la cama se rompiera.

En diez años Violeta creció mucho: era una princesa alta y pesaba como diez baldes llenos de pescado!

Sin pensarlo mucho, Violeta se puso la ropa nueva y salió del castillo dejando el balde y la caña de pescar. Decidió llevar solo la pala para su ansioso y esperado encuentro.

Estaba muy emocionada y cuando llegó a la huerta de las lechugas, Violeta notó un pedazo de papel que sobresalía de la tierra. Ella lo agarró y empezó a jalarlo con cuidado. Era la tarjeta de cumpleaños que le escribieron sus padres hace 10 años.

Ella sacudió la tierra de la tarjeta y la leyó nuevamente. Debajo de las felicitaciones de los papas, Violeta notó otro mensaje que había escrito con letra muy diminuta. El mensaje decía:

“¡Hola princesa Violeta!

¡Felicitaciones en tu cumpleaños numero dieciocho!
Que pena contigo, pero yo te mentí: nunca fui un príncipe y nadie me hechizó. Siempre fui un gusano tierra ordinario con algunas habilidades pocos comunes entre gusanos: podía hablar, leer y escribir.

La tarjeta que estás leyendo ahora se te cayó en la tierra cuando estabas excavando gusanos. Yo alcancé a leerla un segundo antes de que tu me atraparas y ese mismo día te

escribí este mensaje y me fui de aquí para siempre a otro reino donde a las princesas no les gusta pescar.

¡Espero que tengas un muy feliz cumpleaños!

Un abrazo,
 
El gusano.”
 
La princesa suspiró tristemente y sepultó la tarjeta en la tierra. Luego, ella regresó al castillo y nunca más volvió a pescar.
 
 
 

 

 

 

 

 

Liked the story? Comment below.

avatar