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Carlos Velarde

REINA DE RECICLADO

Era casi la hora en que ella tenía que salir para su gran labor del día. Para ese momento, todas las personas del distrito, o una gran mayoría, ya habrían sacado todas las bolsas ordenadamente clasificadas por tipo de residuos: plástico, vidrio, y otros susceptibles de ser usados nuevamente (reciclados).

Para ella, era un día cualquiera; no tenía la menor idea de cuánto iba a resonar su nombre unas horas después.
Felipe, su asistente de todos los días y que manejaba su camión, ya la estaba esperando.
– Felipe, ¿hablaste ya con todos los choferes? Le dijo ella, cuando iba subiendo al carro. 
 – Sí, señora Torres, le dice él. 
 – Chepa, no más. 
 – Ok, señora Chepa Torres.
 
Todos estaban ya en sus puestos. Ella, entonces, se dirige a Felipe para dar la señal. Y todos salen a la hora exacta. ¡Qué orden! ¡Qué puntualidad! ¡Qué importante labor! Todavía recordaba como que fuera ayer, cuando ganó la licitación de la municipalidad que le daba la cobertura total del distrito, para desarrollar su labor humanitaria. Sí, así lo pensaba ella, y no le faltaba razón, su trabajo era en beneficio de la humanidad.
En medio del camino de su primer destino en la noche, recibe una llamada a través de Felipe.
– La llama su hija, Chepita Ríos. 
– Qué querrá esta chiquita, pensó ella. No es momento para discutir. 
– Mamá, le dice la chica. He pensado bien y ya no quiero discutir más. Discúlpame cuando te dije que solo vivías para reciclar. Me doy cuenta de tu gran labor y quiero ir contigo desde hoy, para ayudarte en el trabajo ese que realizas diariamente desde las 7 de la noche.
No era que estuviera esperando que la gente le reconozca su labor, menos su propia hija, con la que había discutido tanto sobre el excesivo tiempo que, según la hija, le dedicaba a su trabajo. Era realmente tímida, pero que su hija haya cambiado de opinión y la apoyara, la llenaba de orgullo. Te paso a recoger en 20 minutos, le respondió a su linda hija – ¡qué preciosos ojos y qué hermoso cabello que tiene mi Chepita!
Ni siquiera aquella vez que se inscribió para limpiar una playa, por lapso de 4 horas y que la dejó como un trapo durante dos días, la hizo cambiar de opinión. Ella llevará el estandarte de los recicladores en el desfile del fin del mundo. 
Entonces sucedió lo inesperado. Una nave espacial gigante apareció sobre el cielo limeño, y se posó justo en el sitio en donde Chepa depositaba toda la recolección de la noche con sus camiones. De manera automática, todas las personas, alrededor de 50, que trabajaban para Chepa, fueron conducidas hacia dentro de la nave. En un abrir y cerrar de ojos la nave voló y llegó a su destino, en algún lugar desconocido. 
Los extraterrestres eran gigantes. Examinaron a cada una de las personas y cuando llegaron a ella, la reconocieron. Hablaban entre ellos (en español neutro) acerca de su labor de reciclado. Y le hablaron directamente:
– Necesitamos que sigas con tu labor de reciclado. Ni a ti ni a tu grupo nos los vamos a llevar. Queremos el bien de la humanidad.
Un gigante la había levantado y puesto en la palma de su mano, para hablarle.
– Gracias señores, les dijo ella, casi llorando. Qué bueno que ustedes no quieran destruirnos. 
– No, ustedes mismos están destruyendo el medio ambiente y destruyéndose a si mismos. Si no fuera por gente como tú…….
Y uno, que parecía ser el jefe, le dijo: Además, si ustedes desaparecen, ¿con qué juguetes jugarán nuestros hijos en el futuro?  

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